ARTICULO ¿Pacto o parto?

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En la Ruta
César Duvernay                                                                                                                                                                                                      
¿Pacto o parto?
La urgencia de reglas claras así como la de una plataforma homogénea mediante la cual el sector energético del país pueda desenvolverse de manera eficiente y adecuada, crearon la necesidad de un pacto eléctrico.
Un protocolo que diera cumplimiento a la Estrategia Nacional de Desarrollo elaborada en 2012 y que  en su artículo 35 manda a que las fuerzas políticas, económicas y sociales arriben a un pacto para solucionar la crisis estructural del sector energético.
Sin embargo, y pese a que la ordenanza llamaba a que el mismo fuese rubricado en un plazo no mayor de un año,  han pasado más de tres sin que el acuerdo haya sido posible. Desafortunadamente la lucha de intereses se ha interpuesto en la concreción del marco regulatorio que ponga cada ficha en su lugar y posibilite la inversión necesaria en la energía que demanda el desarrollo nacional haciendo que  el pacto se haya convertido en un parto.
Conciliar intereses, sobre todo cuando son económicos, es muy difícil porque cada bando hala para su lado y esto es precisamente lo que ha pasado (y sigue pasando) durante todo el proceso, pero con el agravante que en ocasiones se hace de mala y siniestra manera.  
Por eso no es de extrañar que justo cuando ya se tenían todos los cabos amarrados, con los consensos dados y los disensos identificados, surjan voces divergentes argumentando una serie de cosas que nunca externaron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo.
Que luego de tres años de reuniones, planteamientos, debates, discusiones y aquiescencias, se quiera torpedear la firma del pacto, refleja primero una gran indolencia ciudadana y luego una irresponsabilidad perversa porque los intereses particulares nunca deben estar por encima del bien colectivo.
La realidad es que, aparte de la paciencia de Job, el gobierno ha demostrado deseo y voluntad política para lograr el ansiado acuerdo. Lo que pasa, porque aquí nos conocemos todos, esa que detrás del boicot, no solamente está la motivación económica sino también el interés político de gente con su propia agenda que apuesta (y respalda) al fracaso de Danilo Medina y que sabe que la firma del pacto, y más en Navidad iba, a ser un gol de la actual administración.